viernes, 10 de abril de 2015

sociología de la educación contemporánea.
1. La perspectiva funcionalista: Aquí nos referimos al funcionalismo clásico de Durkheim, por ser éste el iniciador de la Sociología de la educación y por la enorme influencia de sus concepciones sobre otras corrientes del pensamiento sociológico (Durkheim analiza la “función de la educación dentro de la sociedad) la identifica en su dimensión de realidad objetiva y externa, instituida o institucionalizada y la construye como un hecho social. Este enfoque posee, al mismo tiempo, una marcada orientación humanista, porque tiene la más alta idea del poder creativo de la educación y magnífica la dignidad y grandeza de su acción, cuyo protagonista principal es el maestro.
La función de la educación consiste en socializar al ser humano, es decir, moldear al ser “asocial” que somos naturalmente para conformar otro nuevo, social y moral. Es la sociedad, concebida por el sociólogo francés como un ente trascendente al individuo, la que nos humaniza a través de la acción educativa.
2. La perspectiva estructural-funcionalista. Esta corriente se inspira, en gran parte, en las teorías funcionalistas modernas o en el estructural-funcionalismo de Robert K. Merton y Talcott Parsons, y tiene como eje principal de sus investigaciones el problema de las normas y valores.
Se propone estudiar los desequilibrios momentáneos de los individuos, provocados por la evolución del sistema social en general y por el sistema de enseñanza en particular.
Además, la mayoría de los investigadores que se ocupan de esta área yuxtaponen los conceptos de educación y movilidad social, basándose en el presupuesto de que la sociedad está estratificada.
La perspectiva de la teoría de la reproducción. Considera a la educación como elemento de una formación social históricamente determinada. La educación es visualizada como una estructura dinámica y como una instancia de su función dentro de otra estructura más vasta, que la incluye y explica su desarrollo. El estudio de la educación se inserta en el análisis de las clases sociales y en el papel de dominación
 económica, política, cultural e ideológica de la clase dominante. La escuela es, según esta corriente de interpretación, un espacio ideológico cuya función es propiciar la reproducción de las relaciones de producción existentes.
 El enfoque social de la educación no desconoce los factores psicológicos que intervienen e inciden en el proceso de enseñanza-aprendizaje; sin embargo, aunque no es su objeto de estudio, con mayor o menor énfasis postula que la mayoría de los fenómenos psicológicos, que son considerados comúnmente individuales, son en gran parte reflejo de los fenómenos sociales que se estructuran en una conciencia colectiva, y por lo tanto, su abordaje, como el proceso de aprendizaje por ejemplo, tendrá que ser analizado en su conexión espaciotemporal de un cuerpo social. El aprendizaje ha sido adquirido y conquistado socialmente.
Durkheim comprende esta transmisión generacional en forma unilineal y mecánica; pero la necesidad humana de encontrar soluciones siempre nuevas para las contradicciones sociales y de su existencia, de buscar formas cada vez más elevadas de unidad con la naturaleza y la sociedad, da al carácter transmisorio un dinamismo específico que Durkheim no considera. La transmisión supone “rupturas”, porque el progreso del conocimiento y de la práctica humana implica la integración de nuevos datos, a costa del enjuiciamiento crítico de los ya existentes. Para señalar el carácter de la comunicación generacional, Dewey no utiliza el término “transmisión”, empleado por Durkheim; avanzando en la comprensión de esta relación, introduce el concepto de “reconstrucción”, tomando en cuenta el elemento dinámico que se produce entre adultos y jóvenes en el proceso educativo y que modifica la transmisión y la recrea.
La Sociología de la educación tiene pues por objeto, a nuestro modo de ver, el estudio, tanto de los procesos institucionales y sistemas escolares, y de la interdependencia que existe entre la estructura y la organización social, de una parte, y los procesos educativos, de otra, como de las teorías y doctrinas pedagógicas. Lo que se pretende separar en dos campos distintos lo unimos sin dejar de distinguir entre teorías y hechos en un campo único de observación”.
el punto de partida de esta Sociología es el análisis de la sociedad global y los requerimientos esenciales para su existencia, supervivencia, renovación e integración.
El estructural-funcionalismo no trabaja desde un paradigma causal, por lo tanto no explica la génesis de las estructuras, ni de las funciones. Trabaja con variables interactuantes, todo influye sobre todo, no ofrece, tampoco, una teoría sobre qué variables son más importantes para determinar la situación de un sistema en el conjunto.
Recuérdese que fue Durkheim quien por primera vez destacó en forma sistemática las necesidades funcionales de la sociedad y, entre ellas, la función socializadora de la educación a través de la transmisión de un código simbólico de normas y valores. Al analizar las relaciones entre la estructura cultural y la estructura social, no indagó sin embargo los mecanismos de internalización, fenómeno en el cual se detiene ampliamente esta corriente. De tal modo esta Sociología psicológica en gran parte lo que en Durkheim era fundamentalmente un fenómeno social objetivo.
El status se basa en una serie de variables que se entrecruzan, como por ejemplo: educación, la importancia funcional de las ocupaciones, que conforma una jerarquización profesional y que da diferentes grados de prestigio, que es el aspecto subjetivo del status y resultante de la interacción, es medido por atributos adquiridos y no adscritos o asignados. Su adquisición comienza en la escuela elemental, “que es la primera agencia socializadora en la experiencia del niño, que institucionaliza una diferenciación de status sobre bases no biológicas” y que es ganado por el desempeño diferencial respecto a las tareas establecidas. El status tiene por lo tanto un soporte objetivo, pero por otra parte, es condición necesaria al status su internalización (del rol que lo realiza), así como el reconocimiento de los demás, y por lo tanto, es un fenómeno subjetivo a la vez.
diferenciación funcional, escasez de personal y prestigio de ocupaciones, son los tres factores que emplea la teoría estuctural-funcionalista para explicar la estratificación, y para privilegiar a la escuela como el factor determinante de promoción y, por lo tanto, de movilidad social que, como ya lo hemos citado antes, es otro de los temas centrales de esta corriente de interpretación.
Si la formación escolar se convierte en criterio de adjudicación del status, la escuela debe proporcionar las cualificaciones necesarias a las diferentes posiciones y ella es la que ha de otorgar el prestigio.
Si el rendimiento es un logro personal, y la posición de cada sujeto se deriva de sus méritos, obteniendo el justo reconocimiento diferencial de la sociedad, a través de la valoración compartida respecto al éxito, entonces esta concepción tiene una perfecta correspondencia con la ideología liberal que en los Estados Unidos de América se expresa, como ya lo hemos visto, en el American Dream; esto es: el ascenso individual, desde el escalón más bajo al más alto, es posible, por el carácter abierto de la sociedad. Pero además de su posibilidad y deseabilidad, es un imperativo del modelo cultural, como lo señala R.K. Merton.