Fracaso educativo, educación
fracasada en México?
La historia de México es una acaso no muy distinta de la de
muchos otros países. Es una historia dada en las violencias y en las denodadas
luchas por el poder entre los poderes de cada época, tanto de dentro como de
fuera del espacio territorial mexicano. En el México prehispánico fueron las
distintas culturas o grupos culturales, elementalmente mesoamericanos, los que
mediante un sin número de luchas fueron construyendo/destruyendo el “universo”
humano en las áreas geográficas que hoy conforman el vasto país (México sigue
siendo uno de los países más extensos en superficie en el contexto mundial no
obstante haber perdido más allá de la mitad de su territorio original como La
Nueva España, capitalmente “a manos” de EUA). Vino la etapa de la conquista
española y el periodo colonial con nuevas batallas quizás de otro cuño. Se
presenta la guerra de Independencia contra el poderío español. Nuevos y
variados enfrentamientos violentos devienen en la etapa ya como país
“independiente”. El periodo de La Reforma es aplicado igualmente mediante las
operaciones violentas. Proviene la dictadura del Porfiriato, tan largo, siendo
que no hay dictadura sin violencia. Tal etapa es interrumpida por la nueva
guerra generalizada y abierta en el país: La Revolución Mexicana. Termina ésta
para dar paso al México “moderno” en el que no se está libre de violencias y
luchas y más luchas aunque ya “enmascaradas” por procedimientos políticos, de
partidos políticos y de la supuesta y tan declarada “democracia”. Así llegamos
al México contemporáneo donde se han “inventado”, digamos, “novedosas” formas
de violencia (material e inmaterial) para continuar con la no “novedosa” lucha
por el poder.
El entuerto de la educación En todo el ínterin la educación
ha estado presente. Desde los grupos culturales prehispánicos ya se contaba con
formas y medios para la educación. La llegada y dominio de los españoles impuso
los modos peninsulares de educación muy permeados por sus tareas
evangelizadoras. Incluso se funda la primera Universidad del continente en la
ciudad de México apenas unos años después de alcanzada la conquista territorial
de La Nueva España. Aún en el inicio de la guerra fratricida conocida como
Revolución Mexicana se refunda ésta Universidad, igualmente, en la ciudad de
México, ya bajo “tonos” de la supuesta modernidad última. Mismamente, poco
después se crea la Secretaría de Educación Pública (SEP) para atender las “cosas”
de la educación en lo que nos quedó del país…
La educación, su calidad y algunos correlatos glocales La
cuestión de la calidad de la educación si bien no es un caso exclusivo de
México, tampoco de nuestra Latinoamérica sino más bien de título mundial, es
algo muy digno de traer a colación. En general históricamente se ha esperado
mucho de la educación, se le han destinado las tareas y alcances más amplios e
importantes y podemos decir esto para y en todo el orbe. Casi se esperan
“verdaderas maravillas” de la educación y se la expone desde mucho atrás y
hasta el día de hoy como solución a muchas cosas, causas y casos; una especie
de “panacea”. Se llega a una idealización “extrema” de la educación y se le
adjudican tareas y metas/objetivos que más bien le competen a los gobiernos en
sus diferentes niveles estructurales y operativos de sus distintas agencias:
obviamente se la idealiza, insistimos. Pero en el polo opuesto de la
perspectiva igualmente se le asume como la fuente de un largo número de
problemas, que en el fondo y desde un análisis muy riguroso es difícil que
terminen siendo “justificados” como debidos “precisa y exactamente” a la
educación. Por ejemplo, la pobreza de mucha gente se le supone debida a su
falta de educación, la carencia de empleos y más aún de empleos de calidad
“decente” se le adjudica a la educación en su misma carencia y/o en su mala
calidad, la delincuencia se la anota como procedente de la misma falta de
educación, muchos vicios muy pesados de la gente se le atribuyen a “mala
educación”, etcétera
Se intenta atacar los problemas en el sistema educativo por
medio de la imposición de nuevas y cada vez más numerosas reglas que a su vez,
a cada ciclo se van rigidizando, se hacen cada ocasión más cerradas e inflexibles.
Se intenta resolver los problemas aplicando mayor presión sobre los miembros
del sistema educativo. La resultante es una sobrecarga y sobrerregulación en
las instancias educativas. El profesorado ha tenido que multiplicarse y hacer
lo (mi) posible por sobrevivir dentro del sistema o bien, salir de él o
igualmente, perderse en él.
Como la educación es un problema para nuestros gobernantes y
puesto que ello suele rebasarlos, lo común es que busquen una salida de tipo
reformista (repetimos), misma que generalmente se ve impelida o hasta exigida
por los poderes tanto extranjeros como nacionales. No basta con una serie de
recortes presupuestarios a la educación sino que rompiendo la función
administrativa de la gobernanza cuelan una larga lista de imposiciones y/o
restricciones de mayor rigor y exacción. No entraremos a ver la ancha serie de
programas y demás acciones que el gobierno mexicano a través de la SEP (y otras
entidades) ha impuesto a la actividad educativa de tercer nivel, tampoco es
nuestro discurso uno dado a las cifras (nuestro intento es cualitativo y no es
cuantitativo) ya muchos otros autores lo han hecho más que bien, mucho mejor
que nosotros, varios de ellos aparecen en nuestra bibliografía.
Desarrollo del tema:
En sus primeros años la SEP tuvo una tarea ciclópea por
atender cuando el país se encontraba no solo destrozado por todos los
conflictos y conflagraciones sino que en la temática educativa tenía que
enfrentar la enorme mayoría de sus pobladores como analfabetas. Los distintos
gobernantes del México posrevolucionario se dieron a la construcción de
escuelas y a la labor de generación del profesorado que debería acoger a los
millones de personas por educar. Llegan los momentos en que se establecen la
“obligatoriedad” de la educación básica, la gratuidad de la educación y el
carácter público de la misma. Pasos de una importancia histórico-social sin
duda. Posteriormente se amplía la “obligatoriedad” de la educación básica a lo
que conocemos en nuestro medio mexicano como educación secundaria y al nivel
pre-escolar ya que solamente se “obligaba” al conocido como nivel de educación
primaria. La educación de nivel preparatorio o nivel medio superior se
encuentra persiguiendo la “obligatoriedad”. El nivel superior o de educación
terciaria no reviste la característica de ser “obligatorio”, al menos hasta
ahora, pero sí se le reconoce como de gratuidad y de su “componente” de ser
pública, lo cual es sumamente significativo y valioso.
La masificación alta de la población escolar se topa con
otras barreras en los niveles medio y superior. El Estado debilitado por las
crisis repetidas y repetitivas de las economías propias y ajenas no dispone de
los recursos suficientes para ofrecer los puestos delante de la ampliada
demanda. Solución paliativa y contingente ha sido la privatización de la
educación, que si bien se ha dado en todos los niveles, es en los dos últimos
donde su importancia es mayor. Se abren todo tipo de instituciones educativas
de características variadas. Aparecen múltiples escuelas de bachillerato o
equivalente. A la vez, emergen numerosas instancias de caracteres muy diversos
que ofertan la educación superior.
Son las grandes estructuras del poder las que determinan
impositivamente el devenir de la educación y de los sistemas educativos
glocales (globales y locales). Los poderosos de la economía y de lo político
dictan las directrices que van maniobrando en el mundo a la educación.
Establecen lo que la educación debe ser así como a los que se debe educar. Lo
mismo hace sobre las formas de educar y los destinos de los educandos en todo
el globo.
Por supuesto que históricamente la educación y sus sistemas
han estado construidos para soportar/sustentar a los sistemas ideológicos de
los que dependen y en los que se originan. Por ello la educación fue de corte
religioso dado por religiosos durante mucho tiempo (y sigue siendo así en
fijados casos). Para nuestra era actual la situación es igual: la educación y
sus sistemas está para cubrir las expectativas del sistema que gobierna/domina
el mundo, el neoliberalismo, la última versión modernizada del capitalismo
Para que unas cuantas personas sean sumamente (e
inmoralmente) ricas y poderosas, y para que otras un tanto más numerosas
gocen/disfruten de unas vidas cómodas con alto suministro de placeres
tecnologizados y demás, el resto, el extenso resto del mundo tiene que
sobrevivir en situaciones todavía más duras y restrictivas que antes. La
pobreza y la miseria han crecido al mismo ritmo que la riqueza y poderío de los
“elegidos” del sistema de dominación glocal. El crecimiento demográfico mundial
es impresionante, tenemos una superpoblación jamás antes vista. Su distribución
es igualmente mal dada, lo que agrega negatividad y gravedad al caso. Menos del
1% de la población mundial es la dueña del mundo y es la que determina las
“leyes de sobrevivencia” y viola una y otra vez las leyes de la
naturaleza/ecología y al mismo tiempo promueve la lucha frontal de todos contra
todos en su mundillo de las competencias y de la más elevada e inhumana
competitividad, para someter a los miles de millones de “no elegidos” a una
guerra fratricida entre sí, contra la naturaleza y contra la historia,
incluyendo a la historia natural. Así, más de la mitad de la población humana
mundial se encuentra en los temibles y terribles submundos de la pobreza y de
la miseria sin casa, sin vestido, sin alimentos ni agua, sin trabajo, sin
derechos, sin identidad, sin tiempo presente ni salida futura: son afectados
ambientales.
En medio de semejante “trifulca” glocal, el sistema dominante
operado espera que la educación obre “milagros” y “salve” si no a todos, sí a
buena parte del sistema para continuar con su insatisfecho proceso de
acumulación (¿de qué?, ¿de caos y destrucción?, ¿de violencias e injusticias?,
¿de muerte, sufrimientos, decadencia?).
Nos encontramos delante del momento de mayor violencia física
y mental desde la Revolución Mexicana de 1910, que dejó más o menos un millón
de muertes y muchos heridos así como una considerable destrucción por todo el
territorio nacional. Las violencias de estos momentos actuales no son gratuitas
ni fortuitas. Nos encontramos ya dentro de un “sistema” violento que se nutre
de las violencias. Vivimos en medio de violencias sistematizadas, sin que
falten las violencias “espontáneas” y/o “azarosas”. Las violencias que hoy
enfrentamos van desde violentar los derechos humanos y civiles hasta digamos,
el desempleo y la falta de empleos de calidad sin dejar de resaltar la falta de
justicia, la inequidad, el repunte de la pobreza-miseria y el abuso sobre los
ecosistemas en sus componentes bióticos y abióticos.
Ahora en las escuelas a la vez que se realizan simulacros
preventivos contra desastres naturales, también se hacen simulacros para
defenderse de ataques de la delincuencia/criminalidad presente en todo el país.
Las mismas escuelas han sido escenarios de este tipo de violencias y ya
contamos varias víctimas mortales. Sí, desafortunadamente la educación hoy
tiene que operarse en un contexto salpicado por las violencias extremas. En
varios sitios del país las escuelas han tenido que cerrarse (generalmente de
modo temporal) por el riesgo latente y efectivo de actos delincuenciales que
han llegado a lo mortal.
El gobierno en todos sus niveles acompañado por personajes e
instancias del extranjero ha dado una pelea sensacionalista contra el crimen
organizado. Los resultados del combate contra la delincuencia organizada son
inciertos y lo que viene privando es una amplia, muy amplia inseguridad en todo
el país con determinados focos en los que la violencia ha sido peor aún. Las
críticas hacia el gobierno mexicano han sido muy fuertes y grandes bloques
sociales han protestado contra su política de “guerra” contra las
organizaciones delictivas (nacionales y extranjeras). Se cuentan por miles (se
habla de unas 50 mil a la fecha) las víctimas mortales de tal “guerra”
solamente para el periodo sexenal de la presidencia de la república presente
(en su sexto y último año de gestión) y, la población en general está cansada
de esto reclamando la restauración de la paz (relativa) en que vivíamos antes
de esta “guerra”. El ejecutivo nacional no da marcha atrás “de ninguna manera”
y mantiene su plan férreamente belicoso contra la delincuencia, pero cada día
el rechazo social es mayor y la gente se va dividiendo entre los que apoyan
esta “guerra” y los que la repudian por sus resultados tan escasos, caros y a
la vez fatales.
La violencia nos impregna y vamos consciente o
inconscientemente participando en ella. En el ámbito familiar los actos
violentos se suceden y multiplican. En las calles la gente se ha ido haciendo
más agresiva y las peleas y discusiones se tornan más frecuentes y más
ofensivas. En las escuelas se reproducen las acciones y actitudes negativas
provocadoras y turbulentas, el tristemente famoso “bullying” se ha recrudecido
tristemente. Se ha tenido que recurrir en numerosos planteles a la “operación
mochila” es decir, a la revisión de las mochilas y demás medios en los que el
alumnado porta sus cosas para detectar la presencia de armas u otras cosas que
puedan ser usadas para dañar (incluyendo drogas de cualquier género.
Delante de una perspectiva panorámica nacional tan poco
halagüeña y con problemas tan serios por enfrentar, el gobierno se encuentra en
un laberinto al que no le observa ni construye una buena salida. Nuestros
políticos están más bien formados para las lides políticas y politiqueras no
para asumir problemas tan fuertes. Aunque puedan ser “políticos de carrera”, es
decir, políticos “profesionales” muchos de ellos, tal vez la mayoría de ellos,
sus carreras y/o sus profesiones de políticos no los han preparado para hacer
las cosas mejor. Van “escalando” puestos una vez tras otra ocupando cargos de
todo tipo y nivel pero lo mismo practican una función en el turismo que ocupan
un cargo en el área de la salud, un tiempo deciden las cosas de la vivienda y
de la minería que igualmente entran a decidir las cuestiones de la educación
nacional. Cualquiera puede entender que es muy difícil que nuestros gobernantes
ocupen una u otra “cartera” indistintamente sin que el propio país junto a su
población y sus ecosistemas sufran las consecuencias. Los cargos no son
ocupados por la mejor gente en tales materias específicas sino por la gente
mejor posicionada en las “escaladas” políticas y en los juegos y rejuegos de la
burocracia y de la burocracia política: nuestros políticos y gobernantes están
donde están para ocupar (“cubrir”) cargos no para resolver problemas.
Los discursos oficiales parlan sobre las bondades de la
educación para el país pero en la práctica se ha preferido tener a una
población nacional con baja educación e incluso mala educación con el temor
“histórico” de que una población educada, bien educada sería más difícil de
gobernar que una sometida a las “bajezas” de la ignorancia y, los gobernantes
así como sus partidos políticos se verían mucho más presionados para gobernar y
salir beneficiados personalmente. Tendrían que aprender más y muchas más cosas
que las que ahora saben y/o manejan. Requerirían de mayor formación y de rasgos
éticos superiores. Igualmente necesitarían mejores portes morales y mayores
responsabilidades, no se diga ya de mayor honestidad, principios y valores
refundados en hitos de la neta democracia participativa, digamos: otra vez,
sustentabilidad/insustentabilidad. Hemos carecido de buenos gobiernos en todos
los niveles. No hemos contado con gobiernos presidenciales aptos. La mediocridad
puede ser su medida aunque algunos hayan sido peor que mediocres. Un solo
partido político tuvo la presidencia del país por espacio de 70 años en lo que
se conoce en nuestro medio como la “dictadura perfecta” o la “dictablanda
mexicana”. Solo los últimos dos periodos sexenales han sido gobernados por un
partido “distinto” al de la dictadura perfecta, pero del penúltimo gobernante
quizás la mayoría del país prefiere ni recordarle y del vigente muchos están
contentos de que ya está por marcharse (hasta tiene frente a sí una demanda
para ser “enjuiciado” internacionalmente por su “declaratoria” de “guerra”
contra el crimen organizado de consecuencias tan fuertes)…
La riqueza anunciada y la prosperidad publicitada por los
gobernantes jamás aparecieron para la inmensa mayoría de la población: la
riqueza supuesta devino en mayor pobreza y miseria y la “gran fiesta nacional”
del desarrollo/progreso mexicano nunca operó sobre la población, solo lo hizo
para los más corruptos que se enriquecieron malamente a costa de todo el país y
su futuro. A nivel internacional se ha venido tildando a México como un país
corrupto y tal vez de los más corruptos en el mundo. Dentro de nuestro país
nosotros mismos nos consideramos un país corrupto, que tiende a la corrupción.
Los días laborables en las escuelas son cada vez menos. Las
suspensiones “oficiales” y no oficiales ocurren frecuentemente y el alumnado
pierde demasiado tiempo por cualquier razón o motivo, o sin ello. Hay una
exageración de “festejos” de toda índole que consumen todavía más el reducido
tiempo de la correlación enseñanza-aprendizaje. Se le da mayor importancia a la
participación en algún desfile/acto cívico que a las actividades en el aula. El
alumnado puede salir “experto” en cantar el himno nacional y el himno de su
Estado pero puede no saber ni tan solo que significa el nombre de nuestro país
(México = en el ombligo de la Luna, en lengua mexica o náhuatl, o nahuatl, sin
acento). Esta cadena se establece desde el pre-escolar hasta el nivel terciario.
Así podemos llegar a conocer médicos, abogados, ingenieros y demás
profesionales-profesionistas universitarios que con su título adquirido no
saben cuántas entidades federativas constituyen nuestro país y puede que
tampoco sepan el por qué de la denominación oficial del mismo o, no puedan
decirnos quién fue Gustavo Díaz Ordaz (un ex presidente mexicano abiertamente
anticomunista de no grato recuerdo para muchos mexicanos)
Del mismo modo las limitaciones en la educación llevan a una
situación nacional donde hay egresados de la educación superior que no han
leído un libro por sí mismos, por su gusto y/o interés personal, es decir sin
que los hayan forzado a hacerlo. Entonces tenemos egresados y titulados de la
educación superior que no toman un libro en sus manos. Todavía hay
analfabetismo en México pero el problema mayor en tal esfera es que tenemos un
muy severo problema de analfabetismo funcional, lo que dice, la gente puede
leer pero no entiende o no puede manejar lo que lee, incluso después de haber
obtenido su título del nivel educativo terciario. Lo mismo sucede en la
escritura, muchos de nuestros egresados no son capaces de redactar un escrito
sin cometer fallas de diferentes clases y grados ni aun con la ayuda de las
computadoras y sus programas de escritura. Una de las deficiencias del sistema
educativo mexicano completo es el uso inadecuado de nuestra lengua oficial, el
Español. Pese a numerosos cursos el discente puede terminar con un manejo
insuficiente de nuestra lengua lo que incluye una pobreza del lenguaje, mínimo
en el sentido de un vocabulario recortado con un uso restringido de palabras y
una repetición demasiado frecuente de otras. Un problema de
enseñanza-aprendizaje que se ve contrastado con la campaña que en los últimos
años el sistema educativo ha lanzado para hacer del Inglés nuestra “segunda
lengua”, donde se quiere instaurar el idioma del Imperio como obligatorio en
todos los niveles educativos, siendo ya obligado en varios de ellos pero con
resultados muy relativos o malos: después de años de cursar el estudiantado el
Inglés, sigue permaneciendo como un reto ya que en realidad muy pocos
estudiantes lo dominan con soltura, aunque hoy se marque como un prerequisito
para conseguir algún puesto laboral: otra limitante dentro de la educación (de
ahí una parte del título de nuestro escrito presente). Pero este problema es
agudizado por el hecho de que pueden haber cursado alguna licenciatura sin
haber usado libros para su formación. Aunque parecería increíble esta
afirmación es una penosa realidad en determinados casos. Pueden haber consumido
miles de páginas electrónicas en la web pero no recurrieron a los libros, ni
electrónicos y si lo hicieron solamente tomaron de ahí lo que “necesitaban” en
un momento sin leer un libro completo. Hay entre nuestros egresados y/o
titulados del tercer nivel los que jamás han leído un libro completo, sea cual
fuere la naturaleza del libro; esto a pesar de que la mayor parte de la
población mexicana es de la religión católica donde el libro que rige el culto,
La Biblia, es de importancia capital para esta fe pero ni así es leído por los
practicantes de dicho rito. Pocas personas leen éste libro completo aunque se
les invita/presiona constantemente y no obstante también a que se hallen los
que declaran haberlo hecho pero mintiendo al respecto. Caso “público” y
reciente el del “candidato” a la próxima presidencia de la república mexicana
por parte del partido político de la “dictablanda” mencionada, al presentar un
“libro” (suyo) en la feria del libro más extensa de Latinoamérica en nuestra
ciudad de Guadalajara (3/12/2011), declarando que la ha leído (La Biblia) pero
no completa…; mostrando y quizás demostrando lo que venimos manejando en esta
parte del texto al ser incapaz de mencionar tres libros que hubiera leído,
recurriendo a La Biblia para mal citar con mucho esfuerzo otro libro más pero
cambiándole el autor y desviándose para ya no mencionar el tercer libro que se
le inquiría.
Para el gobierno la educación más que un derecho de la población
es un problema: visión que atrapa vasta insustentabilidad. Más que pensar e
intentar mejorar la vida de la población por medio de ciertas aplicaciones
educativas, busca la manera de deshacerse del problema.
Nuestras instituciones de educación sean públicas o privadas
operan en condiciones de muy franca desventaja frente a las de los países
“desarrollados”, sin embargo, el gobierno exige que se compita contra ellos y
se hagan las cosas igual que ellos. Se fuerza al profesorado a la publicación
de sus investigaciones u otros materiales y se exige que sea en las revistas
más prestigiosas (“indexadas”) pensando que México debe competir a nivel
mundial y una “medida” que a la vez puede ser la más utilizada es la de las
publicaciones, la otra puede ser la del registro de patentes. Así, cuando las
necesidades vigentes del pueblo son unas, al profesorado (y el más “experto”)
se les obliga a dedicarse a producir publicaciones y patentes. Ambas son un
verídico problema en la realidad nuestra, México no logra figurar como
“competidor” tampoco como “competente” en tales ámbitos. Aunque hoy se pueda
estar “produciendo” más que antes las cifras no alcanzan a marcar una situación
suficientemente buena, “competitiva”, seguimos siendo “tercer mundo” en estos
rubros aunque México sea una de las economías primeras en el orbe: elevada
economía, denotada mala distribución de la “riqueza”, elevada pobreza-miseria,
elevada educación de baja calidad, tal es el cuadro o marco referencial
ordinario del México de hoy, para el tema que estamos tratando.
Conclusión:
Se ha señalado muchísimas veces el papel fundamental que la
educación tiene para los individuos y para las sociedades y colectivos. A veces
se llega a suponer a la educación como el componente más importante de la
cultura. Aquí nos referiremos a la posibilidad de asumir el fracaso educativo
como el de los sujetos dedicados a la educación y, a la posibilidad de una
educación fracasada como la ubicada en el objeto del proceso educativo. Nos
reduciremos a observar sucintamente el caso mexicano, reconociendo que puede
ser similar a lo acontecido y a lo que sucede hoy en varios países tanto de la
región.
En sinopsis: México no ha conocido la paz y, su independencia
es mucho más en lo declarativo que en lo real. La injusticia ha permanecido
manifiesta siempre y se ha agudizado en determinados momentos, como el presente
donde más de nuestra mitad de la población humana se encuentra debatiéndose en
los estertores de la pobreza y la miseria, y donde los ecosistemas nacionales
han sido castigados por explotación excedida asociada a dispendio y corrupción.
Todo esto contrario a la sustentabilidad humana y natural.
Sin embargo, con lo mencionado en nuestro propio escrito
queremos entender que los trabajadores de la educación no son fracasados sino
sujetos sometidos a los avatares que el sistema propio y el ajeno les han
impuesto, siendo el sistema dominador dado por el capitalismo neoliberal el
principal causante de las presionantes e impresionantes condiciones que han
llevado a nuestro sistema educativo a una situación de alto estrés y desgaste
de tal manera que los trabajadores se encuentran insatisfechos, los dicentes no son educados debidamente y la educación se confirma como base elemental de soporte de las Nómadas ideologías que abastecen y dilatan el sistema de explotación
glocal que padecemos, in sustentable. Esto puede sonar a oxímoron, pero no nos
parece así. Del mismo modo, pese a lo mencionado no consideramos que la
educación en México sea un fracaso, más bien estimamos que es el mismo gobierno
nacional, un gobierno precario, el que anda encaminándose hacia el fracaso pero
si bien esto puede verse demasiado fuerte y agresivo y puede guiar a que se
rechacen demasiado y directamente nuestros planteamientos, pensamos que son las
(malas) políticas aplicadas por el gobierno las que están fracasando, entre
ellas, las (malas) políticas en la esfera educativa. El sistema de gobierno
partidista en México ya dio de sí. Es tarea de todos nosotros dar el paso para
(re)generar nuestra oportunidad de una vida digna con una educación de buena
calidad, oportuna e incluyente y, con un ambiente humanizado en lo positivo, no
en el positivismo tecnologizado, para buscar sendas más generosas hacia la
sustentabilidad ecosistémica que no se “contaminen” ni directa ni
indirectamente con las opresiones del fracaso .aqui se Plantea las condiciones en que ha funcionado
la educación y reporta sus amplios problemas y limitaciones. Por medio de un
estudio cualitativo y no cuantitativo señala las circunstancias actuales y
considera que la principal causa de la crisis educativa y social en el país es
debida al modelo neoliberal. Muestra las contradicciones imperantes y termina
asumiendo que no hay un fracaso educativo ni la educación es fracasada en
México.
Bibliografía:
José David Lara González Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla, México.
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